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Habíamos llegado caminando hasta la orilla del río con la excusa de desayunar en algún bar que estuviera cerrado. Hablábamos. La noche se desmoronaba a nuestras espaldas y el amanecer nos obligaba a entrecerrar los ojos.
Aburridos de la mutua estupidez, tratando de parecer inteligentes con la mención de manidas paradojas, hablábamos y hablábamos.
Ocurrió que, en medio de una frase, mientras buscabas una expresión que huía, preguntaste: "¿Cómo se dice?...". Y yo, en la precipitación de responder, me equivoqué: "Estaba pensando lo mismo; no puede decirse". E inmediatamente quise rectificarme, al descubrir lo que estabas pensando. Pero ya era demasiado tarde. Ajenas a una y otra lengua, nuestras miradas se olvidaban de nosotros.
Se alejaban. Y conforme nos contemplaban desde un futuro cada vez más íntimo y más remoto, iban adivinando que en nuestro principio había sido el silencio.
Entonces, por fin, nos quedamos sin palabras.
ANTE NINGUNA PUERTA
Una ansiedad sin edad
llega alumbrando
la sala de tu nacimiento.
Cruza la puerta y espera
una vida entera
sentada, leyendo, pacientemente
en la antesala de tu muerte
hasta que apagan la luz.
ESPÍA
A oscuras, fingiendo estricta clausura,
la habitación contigua nos espía
por el ojo de la cerradura.
ACTUALIDAD
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Una enorme bola de acero atraviesa la medianera del antiguo caserón y arranca la cabeza de la anciana sentada frente al televisor.
Adherida a la bola, cruzando el aire con un gesto de satisfecha aprobación, la cabeza muere informada: de acuerdo con lo manifestado en el noticiero, un juez ha puesto fin a la ola de desalojos.
Una enorme bola de acero atraviesa la medianera del antiguo caserón y arranca la cabeza de la anciana sentada frente al televisor.
Adherida a la bola, cruzando el aire con un gesto de satisfecha aprobación, la cabeza muere informada: de acuerdo con lo manifestado en el noticiero, un juez ha puesto fin a la ola de desalojos.
MIS LADRILLOS
Flagrante ruina
de lo que para mí fue verdad;
cimiento
de lo que para vos lo será,
media nuestra mutua intimidad
este extraño muro de palabras.
PERSPECTIVA
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Amor es que la extrañe mientras la miro de lejos y espero que dispare. Amor es que ella corrija el encuadre y dispare una foto en la que no estoy, para extrañarme mejor.
Amor es que la extrañe mientras la miro de lejos y espero que dispare. Amor es que ella corrija el encuadre y dispare una foto en la que no estoy, para extrañarme mejor.
UN CRIMEN
Descubren
debajo de las uñas del cadáver
los dedos de un arpista consumado
que habría hecho las delicias del cielo
de no ser por la medicina forense.
TELÓN
Y habiendo puesto un pie en la mitad del camino de su vida, retrocedió espantado del mundo a cobijarse entre las piernas de su madre. Y dijo: “Madre, ábreme la puerta de la casa aquella en la que el dolor no existía”. Y entró. Y al otro lado de la puerta no fue nadie.
EPIGRAMAS
.
Está bien visto que tanto el caballo como el jinete sean invisibles. Está bien visto que siendo el caballo visible, el jinete sea invisible. Sin embargo, es muy contrario al gusto contemporáneo que el invisible sea el caballo.
***
Vivía mostrando cómo vivía,
como si de verdad viviera.
***
De a dos, la soledad se parece demasiado
a dos abrigos tirados en la cama.
***
Humanas, las pasiones. La indiferencia, divina.
Matar con la indiferencia es como fingir un suicidio.
***
La rima no es verso
cuando es música para la memoria.
***
Y en uno de esos avatares de la vida
la foto de tu rectitud salió movida.
***
Tan entendidos en todo
y en todo mal entendidos.
Está bien visto que tanto el caballo como el jinete sean invisibles. Está bien visto que siendo el caballo visible, el jinete sea invisible. Sin embargo, es muy contrario al gusto contemporáneo que el invisible sea el caballo.
Vivía mostrando cómo vivía,
como si de verdad viviera.
De a dos, la soledad se parece demasiado
a dos abrigos tirados en la cama.
Humanas, las pasiones. La indiferencia, divina.
Matar con la indiferencia es como fingir un suicidio.
La rima no es verso
cuando es música para la memoria.
Y en uno de esos avatares de la vida
la foto de tu rectitud salió movida.
Tan entendidos en todo
y en todo mal entendidos.
REGRESIÓN
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Has entrado al laberinto, aunque no recordás en qué momento. Estás dispuesto a perderte por mil senderos distintos hasta dar con el monstruo. Sin embargo, conforme avanzás, las paredes ralean. Finalmente llegás a un descampado. Bajo el tibio sol caminás sin rumbo fijo. Cuando tu buen olfato te pone sobre aviso, te plantás en medio del valle y bajás la cabeza buscando tu espada. Pero no hay tal espada. Te dejás caer de rodillas. Se te hace agua la boca. El pasto tierno entre los dientes te enseña la libertad.
Has entrado al laberinto, aunque no recordás en qué momento. Estás dispuesto a perderte por mil senderos distintos hasta dar con el monstruo. Sin embargo, conforme avanzás, las paredes ralean. Finalmente llegás a un descampado. Bajo el tibio sol caminás sin rumbo fijo. Cuando tu buen olfato te pone sobre aviso, te plantás en medio del valle y bajás la cabeza buscando tu espada. Pero no hay tal espada. Te dejás caer de rodillas. Se te hace agua la boca. El pasto tierno entre los dientes te enseña la libertad.
APAGÓN METAFÍSICO
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Cae la noche sobre el rancho vacío en medio de la llanura. No hay caballos, ni perros que ladren, ni campos sembrados, ni caminos.
El hombre que imagina el rancho envuelto por el silencio y la penumbra, no logra hallarse él mismo dentro de la escena. Y esto lo lleva a sospechar, llega incluso a dudar de la realidad de su cuerpo, de la cama en la que está tendido, del rancho, de la llanura, de la noche que sigue cayendo y que lo arrastra con ella, desintegrándolo de vértigo por el abismo del sueño hasta otro día.
El hombre que imagina el rancho envuelto por el silencio y la penumbra, no logra hallarse él mismo dentro de la escena. Y esto lo lleva a sospechar, llega incluso a dudar de la realidad de su cuerpo, de la cama en la que está tendido, del rancho, de la llanura, de la noche que sigue cayendo y que lo arrastra con ella, desintegrándolo de vértigo por el abismo del sueño hasta otro día.
Títere de la voluntad: tu vida
y todas las demás, un solo acto.
Quien mueve la mano que te anima
conoce tu destino pero ignora
el suyo como la palma de su mano.
Títere de la representación: el mundo,
cuando caiga el telón de nuestros párpados,
quedará ciego, perplejo en su escenario,
para siempre ignorante de sí mismo.
Títere abandonado que se inclina
como indagando con la mirada vacía
la vacía palma de su mano.
FINAL DE PARTIDA
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No quedaba un alma en la plaza. Satisfechos de haber ganado y perdido, recogimos las piezas y nos fuimos caminando por el sendero de piedritas anaranjadas. Una sola imagen ocupaba nuestro pensamiento: la mesa vacía, su cuadrícula de escaques blancos y negros, recordaba el aspecto de cierto patio árabe en el que, tiempo atrás, otro jugador había concebido la misma partida.
No fingimos ninguna despedida antes de cruzar la calle. Seguimos el mismo rumbo, en silencio, como quien se olvida de que tiene compañía.
No supe si era él o yo quien daba aquel último jaque con las blancas, cuando volví la cabeza para contemplar, negra e igual a sí misma, a la noche caída ahí.
No fingimos ninguna despedida antes de cruzar la calle. Seguimos el mismo rumbo, en silencio, como quien se olvida de que tiene compañía.
No supe si era él o yo quien daba aquel último jaque con las blancas, cuando volví la cabeza para contemplar, negra e igual a sí misma, a la noche caída ahí.
EXPLÍCITO
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Al otro explorador, le avisé que era un animal redondo, que vivía en los huecos de los árboles, dormía de día y salía a cazar por las noches, y que aun siendo pequeño, saltaba al cuello de grandes mamíferos, les infligía una mordida letal que los derribaba y luego los despedazaba con paciencia.
Le conté además que, tal como indicaba la leyenda, poseía lenguaje y, por lo general, procuraba entablar conversación con las potenciales presas, pero sólo los hombres sabios, diestros en las lenguas de los animales, se salvaban de la funesta mordida.
Se lo expliqué todo punto por punto, hablándole al oído porque no me gusta gritar, pero o era sordo o no me entendió. Así que tuve que comérmelo.
Le conté además que, tal como indicaba la leyenda, poseía lenguaje y, por lo general, procuraba entablar conversación con las potenciales presas, pero sólo los hombres sabios, diestros en las lenguas de los animales, se salvaban de la funesta mordida.
Se lo expliqué todo punto por punto, hablándole al oído porque no me gusta gritar, pero o era sordo o no me entendió. Así que tuve que comérmelo.
De tierra
tu mano se rompe al estrechar
la mano de tu creador
se rompe
en el intento de estrechar
la mano plana y dura del espejo
se rompe
al aferrar el fruto
del árbol que ella misma ha plantado.
Entonces tu mano junta sus pedazos y se une
a tu otra mano para cubrir tu cara
que llora a otra cara recientemente cubierta
por un puñado caído de tu mano:
un mismo gesto
de tierra
cara a cara
para que duerma en paz la muerte y despierte
bañada de lágrimas tu conciencia de barro.
RESCATES EMOTIVOS
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El incendio comienza en la sala de guardia del hospital, gana rápidamente los corredores y se apodera de toda la planta baja del edificio. Secundados por una espesa columna de humo, pacientes, enfermeros y médicos asoman por las ventanas del primer piso.
Un empleado administrativo surge de entre las llamas que bloquean la puerta principal y cae de rodillas en la vereda. “Logré salvarlos a todos...” alcanza a susurrar, y luego, desplomándose, extrae del bolsillo un CD cuyo rótulo aclara: Archivo de Historias Clínicas.
Más allá, dos bomberos intentan mitigar los espasmos de un extinguidor, en tanto la jefa de hemoterapia acuna un saché de sangre cero negativo.
Un empleado administrativo surge de entre las llamas que bloquean la puerta principal y cae de rodillas en la vereda. “Logré salvarlos a todos...” alcanza a susurrar, y luego, desplomándose, extrae del bolsillo un CD cuyo rótulo aclara: Archivo de Historias Clínicas.
Más allá, dos bomberos intentan mitigar los espasmos de un extinguidor, en tanto la jefa de hemoterapia acuna un saché de sangre cero negativo.
EPIGRAMAS
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Una plaza en cuyo centro se alce la estatua de un caballo encabritado. Para que cada cual imagine a su antojo la forma del heroísmo.
***
Han descubierto que el arte es una enfermedad, y la están curando.
***
El universo es un hueco que se esconde
más y más profundamente en nuestra noche
conforme nos hundimos en su luz.
***
Nos deslumbra de la realidad su oscuro símbolo; y del símbolo, su oscura realidad.
***
Divide a tus padres y reinarás como hijo de padres separados.
***
La fortuna es la base del ahorro.
Una plaza en cuyo centro se alce la estatua de un caballo encabritado. Para que cada cual imagine a su antojo la forma del heroísmo.
Han descubierto que el arte es una enfermedad, y la están curando.
El universo es un hueco que se esconde
más y más profundamente en nuestra noche
conforme nos hundimos en su luz.
Nos deslumbra de la realidad su oscuro símbolo; y del símbolo, su oscura realidad.
Divide a tus padres y reinarás como hijo de padres separados.
La fortuna es la base del ahorro.
DAR BATALLA
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Te superan en número. Están armados, atentos, esperando tu llegada y lo sabés. Sin embargo, tomás carrera, embestís con todas tus fuerzas y cruzás la puerta llevándotelos por delante. Ellos caen, se golpean con sus ametralladoras y sangran. Yacen inconscientes sobre el piso, casi muertos.
Exultante por haberte impuesto en tan desventajosa situación, soltás una estentórea carcajada. Pero entonces tu cara se ensombrece, el estruendo de tu voz se extingue en una mueca de dolor y no podés sino admitir que ya te están afectando tantas obligaciones, tantas presiones, tantas hostilidades y que, cuando menos, deberías tomarte con más calma los juegos que compartís con tus hijos.
Exultante por haberte impuesto en tan desventajosa situación, soltás una estentórea carcajada. Pero entonces tu cara se ensombrece, el estruendo de tu voz se extingue en una mueca de dolor y no podés sino admitir que ya te están afectando tantas obligaciones, tantas presiones, tantas hostilidades y que, cuando menos, deberías tomarte con más calma los juegos que compartís con tus hijos.
EL JUEGO DE LA SILLA
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A todos nos gustaría que el prodigio suceda y que ese chico de quien se burlan sus compañeros de clase retirándole la silla cada vez que intenta sentarse, luego de una, dos, tres caídas, logre tomar asiento en el aire transmutando en asombro las carcajadas de sus hostigadores.
Sin embargo, bien visto, parece haber mayor justicia en lo que ocurre generalmente: tarde o temprano el chico se destroza la espalda, queda inválido de por vida y obtiene, también de manera vitalicia, una silla mucho mejor que aquélla que le negaron.
Sin embargo, bien visto, parece haber mayor justicia en lo que ocurre generalmente: tarde o temprano el chico se destroza la espalda, queda inválido de por vida y obtiene, también de manera vitalicia, una silla mucho mejor que aquélla que le negaron.
VIVIR COMO LA GENTE
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Cenábamos. Mi mujer, las dos nenas y yo. Reinaba como de costumbre la dulce tranquilidad de un hogar bien constituido. De pronto, los vi aparecer de este lado de la puerta. Conversaban entre ellos y avanzaban en dirección a nosotros sin prestarnos la menor atención. Alarmado, les pregunté quiénes eran, qué hacían en nuestra casa. Pasaron a través de mí sin responderme. Pasaron a través de mi mujer. Pasaron a través de las nenas. Cuando tardíamente reaccioné lanzándome tras ellos, habían desaparecido.
Con mi mujer nos miramos. Las nenas lloraban desconsoladas.
Desde entonces, asumimos con relativa entereza la existencia de fantasmas. Lo que no deja de causarnos una amarga inquietud, es no haber podido determinar si lo que vimos aquella noche eran o no personas de carne y hueso.
Relámpago mudo,
sin la justificación del trueno,
me dejaste contando los segundos, me enseñaste
a callar los números
y a imaginar los rugidos
de dos nubes que se trenzan como leones
disputándose el reino de los cielos.
Me mostraste en silencio la instantánea
pavura del bosque iluminado,
el terror indeleble que subsiste a la lluvia
y rige con luz propia la noche del instinto.
Pero entre tanto y tantos animales mojados
yo además aprendí a repetir de memoria
lo visible con los ojos cerrados,
y te rehice de ausencia ya en mi propio reino,
te di el oscuro nombre que mi mutismo dictaba:
relámpago ciego,
sin la justificación de la luz.
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